
MERIDA.-Indignados y consternados, habitantes de Chicxulub Pueblo y los yucatecos en general clamaron castigo para Mario Alberto Sulú Canché, asesino confeso de la adolescente Guadalupe de los Ángeles Rodríguez Méndez, y le exigieron a las autoridades estatales mayor seguridad para estos municipios. Los pobladores advirtieron que últimamente han estado merodeando por la zona personas en autos con vidrios polarizados elevados, por lo que debe prohibirse, porque permite a los conductores escudarse en el anonimato.
Ante esto, la gobernadora Ivonne Ortega Pacheco aseguró que se le aplicará todo el peso de la ley al ya llamado por el populacho como “El Matachavitas” y, que los habitantes de esa zona, como del resto del Estado, “ya pueden estar tranquilos”, además de reconocer el trabajo de la Policía Judicial.
La gente dice que nunca había pasado nada igual en ese poblado, tienen miedo. No quieren dar sus nombres, pero gritan, lloran, aseguran que la Policía Municipal no hace bien su trabajo, que el Ayuntamiento no cumple.
Señalan que la proliferación de lotes baldíos es un grave problema, ya que allí podrían esconderse delincuentes, asesinos como el que acabó con la vida de una jovencita, casi una niña, de 16 años, así como de otras dos adolescentes, cuyo único delito fue despertarla maldad de un ser que no merece el calificativo de humano.
Arremolinados a las puertas de la iglesia, los parientes de Guadalupe de los Angeles comentaban que hay tristeza en el pueblo pues les arrebataron la alegría de vivir, un degenerado acabó con una vida plagada de sueños e ilusiones.
Los hombres callan, aprietan sus puños, quieren que “El Matachavitas” no salga nunca de la cárcel, pero desconfían de las autoridades. “Allí, por buena conducta, los dejan salir”, dice uno.
Las mujeres, por su parte, piden a la Gobernadora que no permita circular a vehículos con placas de otros estados y con los vidrios obscuros.
El hermano de la joven asesinada se aproxima al reportero, le pide no acercarse a los familiares. “En tiendan nuestro dolor, no queremos hablar, estamos tristes”.
Un hombre de avanzada edad, con voz entrecortada, pregunta: “¿Ya trajeron a mi sobrinita?”.
El dolor es latente, en el ambiente se respira tristeza, pero también unas ganas inmensas de tener enfrente al asesino para “castigarlo como merece”, comenta una persona.
El alcalde Miguel Ángel Cua Cocom interviene. Pide a los vecinos que no aprovechen la ocasión para desprestigiar su trabajo y asegura que el pueblo, con tres mil 600 habitantes, está bien cuidado con sus 12 policías municipales.
Nadie le cree, las miradas son de desaprobación, el pueblo clama justicia, pero saben que nada, nada les devolverá al angelito llamado Guadalupe Rodríguez Méndez.”
Fuente: Milenio



